martes, 22 de abril de 2014

VOLVERÁN LAS OSCURAS GOLONDRINAS

«Volverán las oscuras golondrinas en tu salón los libros a posar» 

¡Qué libertad de movimientos proporcionan los libros en papel, qué preciso y maravilloso plano espacial constituyen para cualquier texto! (Foto:  ARCHITETTURA DI PIETRA
Volverán las oscuras golondrinas 

Volverán las oscuras golondrinas, volverán las golondrinas que aprendieron nuestros nombres. Volverán las blancas hojas de papel, los frontispicios en los que escribíamos nuestras siglas. Volverán en turbión los libros físicos a llenar nuestras manos, embargarnos de aromas, invitarnos a plasmar nuestros pensamientos. Volverán con el mismo vigor con que han vuelto las bicicletas, como ha vuelto el pan integral de masa madre, como han reaparecido las historias románticas de amores apasionados.
No es que todo retorne en un ciclo interminable, es más. Es que quienes somos pioneros en la lectura de libros digitales, quienes llevamos más de una década leyendo páginas en tinta electrónica, damos testimonio de la libertad que ofrece el viejo libro, convertido por eso del cambio de los tiempos en algo radicalmente nuevo. Desde hace unos años nos embarga el presagio de que el papel volverá a irrumpir en las plazas, en las estaciones de metro, en las playas, en los confortables sofás.
Seguiremos por supuesto leyendo ebooks, porque Internet está cuajado de textos y es una forma barata de consultar, informarse e investigar, y porque es rápido y cómodo, y porque el papel no está siempre accesible en el momento en que uno lo desea, pero para la reflexión, para el placer entrañable, para el viaje fantástico, para la inmersión demorada, se usará el papel.
Y también se usará el papel para la protesta personal. Porque si cuando yo comencé a leer en dispositivos electrónicos el hecho constituía una rabiosa novedad, hasta el punto de que incluso en Estados Unidos me preguntaban dónde me había agenciado el cachivache (¡loor a la empresa granadina Grammata!), y los que leían en libros físicos llegaban a sentirse pasados de moda, ahora ocurre al contrario: ahora, cuando abres un libro en una cafetería, en un autobús, en una calle, en una reunión, estás introduciendo la subversión, te estás rebelando contra la moda, contra el sistema, contra la alienación digital, estás estableciendo tu derecho a pensar de otro modo, a calar donde quieras, a echar un vistazo al buen tuntún, a conservar para siempre en la memoria la página donde leíste aquello que te hizo mella, a que tus nietos paladeen tus divagaciones escritas al hilo del texto.
La visión humana es espacial y, como bien señalan los entendidos, un libro es antes que nada un mapa, nos construimos su contenido en función del espacio que ocupan las palabras, de modo que, leyendo en papel, el contenido es mucho más nuestro, se adhiere más a nosotros, nos proporciona más libertad de movimientos, se convierte en un arma más efectiva de comprensión.
Por ello, ahora, aparte de bajarme de Internet los libros que necesito urgentemente, he vuelto a frecuentar las librerías de viejo, a oler y palpar veteranos y amarillentos volúmenes, he regresado a la lectura morosa, al chistido de la página que pasa, he tornado al espejo fiel de las letras impresas. Cada libro que toco es un plano de un tesoro que abro con el placer de un pirata y la delectación de un ciego cuyas manos hurgan sedas y joyas. Frente al planeta gregario y subrepticiamente alienante de los ebooks, la sublime y libre soledad robinsoniana de los libros de papel. ¡Sí, volverán las oscuras golondrinas en tu salón los libros a posar!

GREGORIO MORALES
Diario IDEAL, martes, 22 de abril, 2014