martes, 2 de septiembre de 2014

EL PROBLEMA

«Telesfora Ruiz ha creado un problema donde antes no existía ninguno» 

La edil de Movilidad, santa Telesfora Ruiz, tiene la revelación de la LAC en presencia del beato José Hurtado, alcalde del tridentino Ayuntamiento de Granada 

El problema

Los políticos son elegidos para representar a los ciudadanos y solventar sus problemas, pero en la precaria democracia española es a menudo el político quien se convierte en problema. Ocurre con la concejal de Movilidad, Telesfora Ruiz. Cuando la pusieron al frente del área más vital de una urbe, había un aceptable sistema de transporte público. Cualquier persona con luces lo habría conservado y, en todo caso, habría hecho leves modificaciones para mejorarlo. Pero Telesfora Ruiz, no. No se sabe cómo, pero le advino la visión de un autobús de alta capacidad e, insuflada de ardor místico, se puso a sacrificarle rutas, usuarios, aceras, tráfico, semáforos, taxis, peatones, y cuanto pudiera rozar a su Becerro. Un delirio que ha disfrazado de racionalidad, actualización, pureza, eficacia, pero cuyos falaces argumentos no pasan la criba de un insecto. La verdad es que ha rendido la urbe a su mostrenca revelación, ha puesto a los granadinos a los pies de su ídolo, creando un formidable problema donde antes no existía ninguno.
Al levantar un muro de Berlín en pleno centro –las infranqueable vía por donde transcurre la LAC-, ha hecho ghettos de los barrios, antes cercanos y ahora lejanos. Ha implantado un transporte clasista y segregador, que ni siquiera sirve a las personas que viven en el centro porque, cuando deben ir a un barrio, se encuentran la misma cortina de acero.
¡Y ojalá se hubiera limitado a esto! Ha torpedeado además la productividad metropolitana, ya que quienes van al trabajo o a los colegios tienen ahora más dificultades y tardan el triple. Ha hecho descender la recaudación, pues un sistema tan hosco, complejo y quebrantado disuade a los usuarios de utilizarlo. Ha abofeteado la imagen turística de Granada, porque los incautos extranjeros que se montan en las LACs pensando que pueden pagar su billete en el interior, como en cualquier país, son increpados con voces que no entienden y echados del vehículo. “¡Hay que picar en la máquina, bájense, compren y piquen en la máquina!”, grita el conductor antes de que las prusianas puertas se cierren. Y los pobres tienen que descender perplejos y contemplar atónitos cómo el autobús los deja plantados. Ha destruido la tranquilidad peatonal, regulando los semáforos a ¡15 segundos! el tiempo justo de cruzar una persona sana, pero no un niño ni un anciano. Eso sí, en la Gran Vía ha otorgado 5 segundos más de gracia para dar el pego. Ha cortocircuitado la fluidez del tráfico privado, ralentizándolo y desviándolo de las vías lógicas por callejones impracticables, en un verdadero y laberíntico infierno.
En suma, la impropiamente llamada concejal de Movilidad ha humillado la metrópolis a la LAC. Si el alcalde hubiera ejercido, si los técnicos hubiesen dictaminado libremente, si el grupo de gobierno debatiera los asuntos, si la Diputación defendiera a los pueblos, si la oposición hubiera movilizado a los granadinos antes del despropósito, esta edil prepotente y con provincianas ínfulas de grandeza no podría haber aherrojado Granada. ¡Pero todo ha fallado!
Así que ahora tenemos un inmenso problema, un nudo gordiano que sólo se puede deshacer dándole un tajo, es decir, relevando de su cargo a esta señora y restaurando el sistema al punto anterior de su programación, como en los ordenadores con arteriosclerosis. ¡Que restauren Windows! Y Granada dejará de padecer el problema que nunca tuvo.

GREGORIO MORALES
Diario IDEAL, martes, 2 de septiembre, 2014