martes, 22 de julio de 2014

LAS TERRAZAS DE PEDRO BOTERO

«Paganos, agnósticos, budistas, musulmanes y ateos son rociados con agua bendita» 

Como rabiosos ángeles caídos, los mosquitos descienden a las bautismales terrazas de verano 

Las terrazas de Pedro Botero 

Ya no queda terraza en Granada que no tenga hisopos bajo sus toldos. Si te sientas a tomar una cerveza, eres santamente bautizado. Desde luego no hay sitio para los infieles. Todos, paganos, agnósticos, budistas, ateos, musulmanes, son rociados con agua bendita. ¿A qué se debe esta machacona Inquisición? Somos el pueblo más ortodoxo de la Tierra, y si los dueños de una cafetería convierten su terraza en pila bautismal, comienza a ser obligatorio para el resto de las terrazas, y ya no puedes pasear sin que cada chiringuito se haya convertido en una de esas piscinas colectivas donde los Testigos de Jehová se bautizan en masa. ¡Tendrían que venir los Reyes Católicos a verlo y seguro que sería de su agrado!
Imposible tomarse un aperitivo al aire libre sin que la atmósfera se tiña de pegajosa humedad que, lejos de disminuir el calor, lo dobla. ¡Pero si la maravilla de Granada es su clima seco, que hace más llevadera la calígine! Ahora de pronto parece que estamos en una de esas ciudades indias donde basta con abrir la boca para humedecerte el gaznate. Nuestro aire puro y neto embebido por el delicuescente y nocivo aire de los pantanos.
Aunque no sólo los Reyes Católicos estarían contentos. También lo están los mosquitos, antes localizados en el curso del Genil o Darro, pero que ahora concurren como rabiosos ejércitos de ángeles caídos a la humedad de estas nuevas terrazas y, mientras los parroquianos se toman sus gambas remojadas, el enjambre de luzbeles se da un festín satánico en la húmeda piel de los parroquianos, y todos tan contentos. En la plaza de la Mariana hay varios millones de diminutos y punzantes diablillos, y ya no es sólo bajo las aspergentes lonas donde devoran al personal, sino en los bancos colindantes, clara injusticia, porque quienes toman algo reparan fuerzas, pero los inopes que no tienen más remedio que sentarse en un banco están a palo seco.
Me conmueve ver a los granadinos santificándose bajo el palio de estas terrazas jordánicas como si así se salvaran del infierno, sin percatarse de que a veces la religión es diabólica, ¿o no lo fue la que llevó a tanta gente a la hoguera? Esta religión de los hisopos es también diabólica, puesto que te hace creer que te libera del calor mientras en realidad te achicharra, y porque te hace pensar que el aire es más puro, cuando en realidad lo cubre de virulentos tridentes que se comen tu carne y beben tu sangre.
¡Pobre Granada, siempre la engañan! La malafollá es una ecuación mediante la cual lo falso pasa por real y lo real por falso. Por eso en las terrazas fluviales tienes más calor y sales roncheado. Y por eso la proverbial potencia cultural granadina es la cocinita de juguete con la que se distraen unos niños. Y por eso el autobús de doña Telesfora es la catetez alfredolandiana y la destrucción cainita de los caminos. Y el alcalde no es un condescendiente abuelito, sino el godo que odia la ciudad que lo ha acogido. De ahí que las terrazas no sean frescas catedrales, sino tórridas calderas infestadas de pedro boteros. ¡Qué bien encajamos la incomodidad! Pueblo fácil para los impostores, pueblo que se deja martirizar por cualquier delirio.

GREGORIO MORALES
Diario IDEAL, martes, 22 de julio, 2014