martes, 25 de septiembre de 2012

EL LETEO

«Sin olvido, no hay amor»

Matilde sumerge a Dante en las aguas del río Leteo para que en su memoria se deslean los sufrimientos y errores pasados, pudiendo así acceder en plenitud al encuentro con Beatriz. Grabado de Gustavo Doré para "La divina comedia"

El leteo
 
Dime qué piensas y te diré qué padeces. Toda enfermedad se origina en el alma. Por ello, cada época tiene sus dolencias. Las pestes medievales expresaban el énfasis en la muerte repentina y en su poder igualador. Las posesiones diabólicas del Barroco eran la trasposición de una sociedad estentórea y retorcida, y, por ello, con una alargada sombra de malignidad y violencia. La tuberculosis decimonónica plasmaba la sublimación de la palidez y el ideal de morir joven. El apogeo contemporáneo del Alzheimer responde a las mismas premisas simbólicas.
Cuando el olvido se ha hecho imposible, mientras nuestra más mínima acción queda grabada, cuando te pueden mostrar conversaciones habidas hace años, correos escritos en alguna vorágine, vídeos acusadores, delatores movimientos bancarios; cuando tú mismo das testimonio de cada pestañeo en Facebook, en Twitter, en tus sms, en tu blog… ¿cómo no ser aplastado por la montaña?
Más aún cuando vivimos en la sociedad de la culpa. En otros tiempos más piadosos, la misericordia aliviaba el fardo. Pero en esta sociedad salvajemente victimista, nada ni nadie ayuda a ello. Un insomne y eterno recuerdo lacera sin desmayo a quienes han sufrido, a quienes han cometido equivocaciones, faltas, delitos. ¡Imposible sustraerse a nuestra propia sombra! ¿Debe pues extrañarnos que muchas personas elijan la desmemoria? Si esta implacable sociedad no olvida, al menos olvidan ellos.
            Un mundo de recuerdos indelebles es paradójicamente un mundo viejo. El olvido ha estado siempre relacionado con el renacimiento y la juventud. El ninja y poeta Masaaki Hatsumi escribe: “Sin olvido, somos absorbidos por las telúricas miasmas del tiempo. Sin olvido, nuestras alas no pueden volar hacia la cima. Pero, sobre todo, sin olvido... ¡no hay amor!”. En la mitología clásica, las almas que iban a renacer se despojaban de sus recuerdos en el Leteo. Las mismas aguas de las que se sació Dante para poder contemplar a Beatriz en todo su esplendor.
            La pandemia de Alzheimer testimonia hasta qué punto millones de personas anhelan la juventud en un mundo que se ha hecho viejo por la ingente acumulación de datos. Gracias al olvido, el viudo recobra a la esposa amada. Gracias al olvido, esta mujer que guarda indecibles secretos los despeña al abismo y emerge ingrávida y ágil. Gracias al olvido, el siniestro personaje de crueles acciones se sume en la inocencia; y otro se hace niño; y otro recupera su primer beso; y otro vuelve a vivir en un mundo inexplorado…
            Los profesores del departamento de Química Física de la Universidad de Granada estudian con ahínco el Alzheimer, pero no podrán neutralizarlo hasta que no comprendan su aspecto simbólico. Desarrollarán medicinas, drogas, habilidades cognitivas, pero el Alzheimer seguirá creciendo mientras no elaboren un antídoto sutil e invisible que se llama perdón. Perdónate a ti mismo. Perdona a los demás. No tengas miedo. Confía. ¡Y ya no habrá que bañarse en el Leteo para seguir viviendo!

GREGORIO MORALES
Diario IDEAL, martes, 25 de septiembre, 2012 

2 comentarios:

  1. Si es cierto, cuando una persona consigue olvidar y perdonase así mismo y a los demás, se termina la ansiedad, el insomnio, la agresividad. Un mundo con perdon sería perfecto Gregorio

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    1. Gracias por coincidir, Ino. Dos son mayoría. Tres son muchedumbre.

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