miércoles, 9 de enero de 2013

EL ESPEJO DE BLANCAVIDES

«El hotentote de la costa se hace pasar por drag queen»
  

 
El espejo de Blancavides
 
Dicen que Juan Carlos Benavides, ese hombre pegado a Almuñécar como el de Quevedo a una nariz, ha escrito un libro, “Tiempos de reflexión”, pero en realidad se ha construido un espejo: cuanto le achaca al país, es un reflejo de sí mismo. Así que este libro hay que leerlo en primera persona. Es una autobiografía disfrazada. Cuando señala la mediocridad de los políticos españoles, está declarando sus propios achaques. Cuando vapulea el sectarismo, la docilidad y la falta de democracia, está cantando el sistema de gobierno que impuso en Almuñécar durante lustros.

Uno de los más atrabiliarios especímenes de la política española, el ejemplo de lo que ésta puede llegar a producir y permitir, se erige en intachable filósofo de los destinos patrios. ¡Perfecto! De personajes así está hecha la obra de Shakespeare, pues comprendió que una forma de expiar los errores es aparentar las virtudes que conculcan. Benavides purga sus pecados tratando de aparecer como el adalid de la limpieza, del desinterés, de la alta política, de la inteligencia creativa y de la democracia real. Pero ¡ay! desgraciadamente la España que contempla es la España que vive dentro de él. Las taras, los defectos, las sevicias que señala, no le han sido ajenos. No es que se mire en un espejo convexo como los inmortalizados por Valle Inclán en la calle del Gato, donde se refracta la imagen grotesca de España, sino que son sus ojos los que están deformados y miran dentro cuando creen mirar fuera, revelándonos la imagen bufa de la España contemporánea, una señora veleidosa, pésima administradora, dilapidadora del peculio público, cementadora inmisericorde, caprichosa amazona, miope, vulneradora de las leyes “incómodas” y matrona de la barbarie paleta.

Juan Carlos Benavides hace como el rey de Shakespeare, que, tras haber matado a su hermano, lo honra con exequias. Sus “tiempos de reflexión” son el chivo expiatorio que lanza para quemar sus procelosas acciones, la tinta de calamar que expande para confundir nuestros recuerdos. ¡El hotentote de la costa se hace pasar por drag queen!

Curiosa la atalaya de la vida que permite ver piruetas así. ¡Que me dejen de televisión, smartphones, tablets e Internet! A mí que me den espejos como el de Benavides, espejos mágicos donde todos los prodigios son posibles. El ex alcalde de Almuñécar se mira al azogue y pregunta: “Espejo, espejito mágico, ¿soy el más puro de la política española?”. Y el artero espejo le responde: “¡Pues claro que sí, chaval! ¡Y al que piense lo contrario, sácale el corazón!”. No es sino la historia de Blancanieves tamizada por los convexos espejos de la desmemoria española. Benavides ha escrito la historia de Blancavides, o sea, de él mismo ascendido a los cielos de la virginidad. ¡Pena que no haya príncipe que pueda comprobarlo! Sólo los enanitos que, cantando el “Ay-ho”, proliferaron enardecidos bajo su sombra alargada.
 
 GREGORIO MORALES
Diario IDEAL, martes,  8 de enero, 2013


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