martes, 3 de junio de 2014

ESPAÑA SIN METÁFORAS

«¡España está contaminada por falta de metáforas!» 

El pirata de Espronceda, libre y maldito, trocado en sumiso chihuahua
Composición fotográfica: Lo Real Invisible 

España sin metáforas 

Frecuento los cenáculos literarios madrileños, voy al Centro Callao, al Ateneo, al Hotel de las Letras, a la Esquina del Zorro, y por lo general encuentro inania en las voces de los poetas y escritores que leen sus textos. Es como si una galerna de superficialidad y conformismo lo hubiese arrasado todo. Tópicos en las palabras de los presentadores. Rupturismo de pacotilla en las palabras de los presentados y, luego, en sus textos, verborrea, fútiles oraciones, afásica expresión. Y entre el público, resignación dócil, renuncia a cualquier crítica, el mismo apoyo necio de los secuaces políticos, y luego, a veces, los tristes libros esperando amontonados a que algunos incautos los compren. Igual en Granada, donde se trafica con los escritores como si fueran cromos, amontonándolos en los actos para así contrarrestar la poca entidad que se les supone, dando ofensivamente por sentado que su único pago es la vanidad, poniéndolos ignominiosamente en el mismo nivel que quienes se costean sus ediciones, en una Babel donde descuellan estentóreas las voces de impostores y saltimbanquis.
Décadas de “normalidad” en los literatos nos han conducido a este páramo, demostrando que la verdadera enfermedad es la ausencia de vuelo, de locura, de heterodoxia, de imaginación. ¿Puede extrañarnos que España se deshaga, que una sorda fuerza centrífuga la disloque? La literatura, la buena literatura, la literatura singular, es la sangre que corre por las venas de una nación. Sin embargo, lo que te encuentras hoy, tanto en Madrid como en Granada o en otras ciudades señeras, no es siquiera horchata, sino el agua turbia de los sumideros.
Los mismos que nos han conducido a este tedio de la razón, se han apresurado a afirmar que la literatura sólo es útil si renuncia a sus más potentes armas para acercarse al lector medio, lo que es tan absurdo como un laboratorio que descartarse el instrumental sofisticado para hacer sus experimentos accesibles a los legos. Sin tecnología avanzada, la ciencia contemporánea no puede profundizar, se estanca, se pudre. Sin metáforas singulares, la literatura contemporánea no puede profundizar, se estanca, se pudre. ¡España está contaminada por falta de metáforas!
Las excepciones resisten cercadas. Entre la autocensura de editores a quienes aterra arañar mínimamente el inconsciente colectivo, el aplauso falaz de la turbamulta literaria (hoy por ti, mañana por mí), el silencio cómplice de los críticos-autores y el aluvión de mediocres que ingresan con honores en la literatura gracias al dinero, la política o el marketing, la metáfora yace pisoteada, la luz se agazapa bajo la polución, y España se asfixia de conformismo, inercia y ramplonería. El bajel pirata de Espronceda, libre y maldito, trocado en sumiso chihuahua.
Como no tiene gran literatura ni metáforas audaces ni textos que escandalicen ni oraciones que descoyunten y nos saquen de la miseria moral, España se apaga con cansinos estertores, se fragmenta en histriónicos terremotos, va al abismo entre líderes de opereta y discursos de mercachifles. La España del siglo XVII estaba en decadencia, pero al menos tenía metáforas y, por tanto, tenía futuro. La España de la República fue apuñalada por una guerra civil, pero al menos tenía metáforas y, por tanto, tenía futuro. Esta España de hoy ha desterrado las metáforas y, en consecuencia, se deshace en pútridos escombros y prehistóricos clanes. ¡Sin metáforas, triunfan las bacterias!

GREGORIO MORALES
Diario IDEAL, martes, 3 de junio, 2014

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