martes, 6 de enero de 2015

FABIÁN VIDAL

«No me abandona la sensación de haber conocido a Fabián Vidal, de haber convivido y trabajado con él» 

Fabián Vidal, pseudónimo periodístico y literario de Enrique Fajardo, director de La Voz (1920-1936) 

Fabián Vidal 

Alto, esmirriado, asmático, con una inconfundible nube en el ojo izquierdo, era el único que trabajaba en la redacción mientras los demás remoloneaban. Experto en lo que entonces se llamaba «engordar telegramas» –hacer enjundiosas noticias de lacónicas informaciones telegráficas–, lector de todos los periódicos, de cuantos originales llegaban, solidario, compasivo, diligente, de asombrosa humildad y con una pluma implacable, debeladora del caciquismo nacional... Era Fabián Vidal, pseudónimo de Enrique Fajardo, el periodista granadino de alma republicana que trabajó casi dos décadas en el diario monárquico La Correspondencia de España y cuya figura me fascina, justo porque reúne las características opuestas a la ramplonería, levedad y traición perpetua en que vivimos. Admirable que le ofrecieran la dirección de La Corres y se negase por no darle una puñalada a Leopoldo Romeo, «su» director, del que afirmaba «lo había aprendido todo», pero que era una persona zafia, irrespetuosa, que se burlaba de sus redactores, el primero, Fabián Vidal, al que tiraba de las orejas y cuyo acento granadino remedaba.
Vidal escribió la gran crónica de la Primera Guerra Mundial... desde su mesa de La Correspondencia y únicamente con los cables de las agencias y un atlas, pero lo hizo tan bien que el Estado francés le concedió la Legión de Honor, distinción celebrada por sus amigos en El Palace, en un multitudinario homenaje al que asistió el todo Madrid periodístico.
Como la España de entonces era, pese a todo, un país más moderno que el actual y la valía personal abría puertas, este hombre humilde que rechazaba los halagos y del que se mofaban los ociosos, pasó a dirigir en 1920 el diario La Voz, compañero vespertino de El Sol, y, en 1931, fue diputado constituyente por Granada. En la dirección de La Voz estuvo hasta el fin de la Guerra Civil, cuando logró escapar a México donde, deprimido, con escasos recursos y casi ciego, decidió poner fin a su vida en 1948.
No me abandona la sensación de haber conocido a Fabián Vidal, de haber convivido y trabajado con él, de haber conocido a su prima granadina, con la que se casó, y a su hermano, Luis Fajardo, alcalde de Granada en 1936 por Izquierda Republicana. Lo siento como un amigo fraternal, con conversaciones, ilusiones, objetivos comunes... Le profeso un inexplicable cariño y siento la necesidad de encontrármelo por la calle y darle un fuerte abrazo.
Salvo una semblanza de Juana María González publicada por la Asociación de la Prensa en 2007, Fabián Vidal está olvidado en Granada. Ni siquiera figura en el diccionario de autores granadinos de la Academia de Buena Letras. Habría que revivir su memoria, primero por lo que significó en el periodismo español, y luego, como el testimonio vivo de unas virtudes que necesitamos desesperadamente. La Asociación de la Prensa, IDEAL, la Academia de Buenas Letras, la Alhambra misma, deberían tributarle un homenaje, la última aunque no fuese sino porque, para todos y, entre ellos, Cansinos Assens, era el “periodista nazarí”. Una exposición de su vida y obra, publicación de libros, conferencias...
Celebrar la contribución granadina al acervo cultural español es señalar metas de hasta dónde se puede llegar rompiendo la maldición fatalista, es poner movimiento en la postración presente y señalar a las nuevas generaciones que la excelencia traspasa las fronteras, incluida la peor de todas: el rancio localismo provinciano.

GREGORIO MORALES VILLENA
Diario IDEAL, martes, 6 de enero, 2015 

1 comentario:

  1. FRANCISCO GIL CRAVIOTTO7 de enero de 2015, 0:07

    Magnífico retrato de "Fabián Vidal" que, en efecto, suscita el deseo de conocerlo. Sólo una pluma semejante en calidad de la del gran periodista granadino ha podido ofrecernos una evocación tan viva, realista y sugerente. Enhorabuena, feliz año y un fuerte abrazo. F. Gil Craviotto

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